Ubicarse estratégicamente en Barcelona, sinónimo de proyección

22 febrero, 2017
Ubicarse estratégicamente en Barcelona, sinónimo de proyección

Despachos y oficinas espaciosos en una localización estratégica dentro de una de las ciudades más pobladas de España y que forma parte de la élite europea. Una buena oportunidad para cualquier empresa, ¿no es así? Evidentemente, éstas tienen que aprovechar este tipo de situaciones porque pueden repercutir en su negocio, en los beneficios que éste reporte y, por tanto, en su futuro a corto y largo plazo.

Tradicionalmente empresas de muy diversos sectores han competido por lugares como el descrito. Es bien sabido que una buena localización implica que los miles y miles de personas que circulen por la zona, tanto en coche como a pie, van a visualizar nuestras instalaciones al mismo tiempo que en su subconsciente se instala el nombre de nuestra entidad. Y eso es publicidad gratuita.

Hace muchos años que adopté, gracias a mi padre, la mentalidad empresarial que sigo poseyendo a día de hoy. Él me enseñó muchos de los trucos para convertirme en un hombre de éxito, en el líder de una entidad capaz de obtener por sí misma la rentabilidad suficiente como para subsistir. Uno de esos trucos era precisamente el situar las oficinas de dicha entidad en la mejor ubicación que fuera posible.

La empresa a la que decidí otorgarle mi carrera es una agencia publicitaria que por suerte posee una cartera de clientes bastante amplia y fiel. Cuando la agencia fue fundada, sus oficinas se situaban de manera exclusiva en la ciudad de Madrid. El tipo de empresas con las que trabajábamos era de carácter más modesto y apenas iba más allá de los límites que encuadran a la Comunidad de Madrid.

El tiempo pasó y a medida que íbamos haciendo contactos y mejorando nuestras perspectivas de negocio se iba vislumbrando en el horizonte las aguas de un mar Mediterráneo cuyas olas iban a morir a las playas de, entre otras ciudades, Barcelona. La Ciudad Condal andaba en mi mente como el gran objetivo. Estaba decidido a hacer que la agencia también tuviera una sede allí. Sede que acercaría nuestros servicios a la segunda ciudad –en muchas cuestiones la primera– de todo el país. De la mano vendrían más oportunidades y más dinero para nuestra caja.

No obstante, y para siguiendo los consejos que mi padre una y otra vez me había repetido, necesitaba encontrar dentro de la ciudad oficinas que, además de ser visibles y accesibles para todo el mundo, fueran lo suficientemente cómodas como para poder realizar nuestro trabajo con normalidad. Por eso me dediqué durante algunos días a estudiar las posibilidades de llevar a efecto este plan en Barcelona.

BCNDOC, la alternativa que escogimos

Después de unos días efectuando la búsqueda, uno de los máximos responsables de una entidad llamada BCNDOC me llamó por teléfono. Al parecer se había enterado de que andaba buscando una buena localización para mi agencia de publicidad y quería ofrecerme un alquiler de oficinas en uno de los lugares más céntricos de la ciudad. Aunque he de reconocer que al principio pensaba que no se trataba de nada serio, pronto me di cuenta de lo contrario.

Efectivamente, tras visitar personalmente las oficinas que BCNDOC ponía a mi disposición, me di cuenta de que me encontraba ante una oportunidad de auténtico lujo y que no podía dejar escapar. Cuando pregunté por el precio del alquiler y me dieron la respuesta, sentí, con regocijo, cómo mi agencia acababa de dar un paso de gigante para instalarse en Barcelona y por tanto aumentar de manera considerable sus expectativas de negocio. Un verdadero éxito.

Ya llevamos bastante tiempo operando en la Ciudad Condal y la verdad es que los resultados no han podido ser mejores. Esa cartera de clientes de la que hablaba al principio y que ya era muy amplia se agrandó todavía más y de pronto me vi con la necesidad de contratar a más personal. El negocio ha crecido y, con él, las aspiraciones de todos aquellos que lo componemos. Si hemos salido airosos de la crisis económica, el futuro que se presenta ante nosotros no puede ser más esperanzador.

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