En los últimos años he visto cómo el mundo laboral ha cambiado de una forma que, sinceramente, antes me habría parecido imposible. Pero ahora ya lo tengo claro. Las conversaciones sobre igualdad, diversidad o conciliación han pasado de ser temas secundarios a convertirse en asuntos centrales dentro de casi cualquier empresa. Y esto, afortunadamente es así.
Y no creo que es algo de moda, ni de chiringuitos como dicen mucho. Ahora mismo es casi obligado que hay que contar con un entorno justo y equilibrado. Pero no solo porque lo diga la ley, también porque tiene un impacto directo en la productividad, la reputación y la capacidad de atraer talento. Esto está demostrado.
En medio de este cambio general, me di cuenta de que muchas empresas, incluida la mía, necesitábamos orientación especializada. No bastaba con tener buenas intenciones. Lo que teníamos que tener era un plan sólido, diseñado con rigor y adaptado a nuestra realidad. Fue entonces cuando descubrí a Talentio, una consultoría experta en igualdad de género para empresas.
Siempre había oído que elaborar un Plan de Igualdad era una obligación legal para muchas organizaciones. Así lo dice la ley desde hace varios años. Pero no fue hasta que empecé a profundizar en el tema cuando entendí todo. Era la mejor forma para mejorar los procesos y, sobre todo, garantizar que todas las personas pudieran desarrollarse en igualdad de condiciones. Y esto es básico para el buen funcionamiento de una empresa.
Es cierto que lo que me llamó la atención es la metodología. Me explicaron que para ellos cada empresa es única, y que por eso trabajan con un enfoque que combina estructura y flexibilidad. Esto me dio mucha tranquilidad. No se trataba de aplicar un modelo genérico, sino de analizar a fondo nuestra situación, escucharnos y adaptar cada paso del proceso a nuestras características.
Diagnóstico
El trabajo empezó con un diagnóstico completo. Durante esta fase, la empresa evaluó diferentes áreas. Por ejemplo, procesos de selección, promoción profesional, formación, políticas de conciliación, clima laboral, brecha salarial y otros aspectos clave. Al principio pensé, como suele ser lógico en este tipo de cosas, que sería una tarea pesada. Pero tengo que reconocer que luego me sorprendió. Es algo que iba fluido gracias a su acompañamiento.
Lo que más valoré fue el enfoque participativo. No era un simple análisis desde fuera; involucraron a personas de distintos departamentos para conocer sus experiencias y opiniones. Esto hizo que el diagnóstico fuese mucho más realista, pero lo más bonito fue que todos nos implicamos en ese proyecto, y en una sociedad donde cada uno va a lo suyo, pues oye, que es de agradecer. Poco a poco, todos entendimos que el Plan de Igualdad era un proyecto de transformación interna en el que todos teníamos un papel.
Tras esa primera fase, pasamos a diseñar el plan en sí. Aquí es donde pude ver con claridad por qué contar con una asesoría especializada es tan beneficioso. Talentio se encargó de estructurar objetivos concretos, medidas realistas y un calendario de ejecución equilibrado. Nos ayudaron a priorizar, a establecer indicadores y a definir responsabilidades. Y lo mejor es que cada propuesta tenía un fundamento técnico, pero también un enfoque humano que lo hacía comprensible y aplicable.
A medida que avanzábamos, empezaron a surgir beneficios visibles. Por ejemplo, la revisión de los procesos de selección nos permitió detectar pequeñas desigualdades que antes pasaban desapercibidas. Mejorar estos procedimientos no solo nos ayudó a ser más justos, sino también a atraer profesionales con perfiles más diversos y completos.
Otro punto clave fue el análisis de la brecha salarial, algo que siempre crea polémica. Aunque creíamos que teníamos controlado este aspecto, el trabajo conjunto nos permitió interpretar los datos de forma más profunda y hacer correcciones que fortalecieron nuestra transparencia interna. Esto generó un clima de confianza que antes no teníamos tan afianzado.
Además, implementar medidas de conciliación adaptadas a nuestra realidad tuvo un impacto directo en la satisfacción del equipo. Y aquí entendí algo importante: la igualdad no beneficia únicamente a las mujeres, sino a toda la plantilla. Cuando las personas sienten que la empresa se preocupa por su bienestar, trabajan con más motivación, se comprometen más y se reduce la rotación.
Con el tiempo, pude comprobar también el valor estratégico del plan. Hoy en día, muchas alianzas comerciales, convocatorias públicas y procesos de licitación valoran de forma muy positiva que una empresa cuente con un Plan de Igualdad bien elaborado y vigente. Esto nos abrió puertas que antes ni siquiera habíamos considerado.