Cuando reformamos nuestro baño, nos volvemos locos buscando el mejor wc, la mejor ducha de placa… pero pocas veces reparamos en esos muebles que están ahí y siempre nos acompañan. Esos muebles que usamos para guardar toallas, nuestro material de limpieza, y todo lo que nos ayuda a estar guapos y presentables todos los días.
Con el tiempo, como todo, también se desgasta, y a veces es necesario cambiarlo por otro… pero, cuando quieres hacerlo, ese que compraste ya no existe y han salido muebles aún más modernos y bonitos que el que compraste por primera vez. Esto significa que ya no puedes reemplazarlo por el mismo, y, cuando tienes que elegir uno nuevo, surgen las dudas: ¿cuál me conviene más? ¿Este aguantará bien la humedad?
Para ello, déjame darte una serie de consejos que, al menos a mí, me han funcionado bastante bien:
Pensar en cómo vas a usarlo, más que en el hecho de que se vea o no bonito
Puedes ver uno que te encanta en una foto, pero luego te das cuenta de que no cabe todo lo que necesitas guardar: toallas grandes, productos de higiene, el secador… Y claro, a la larga, lo importante es que te sirva cada día, no que quede bonito en Instagram.
El tipo de baño también cuenta. No es igual un baño que solo se usa por la mañana que uno donde te duchas cada noche, donde se maquillan dos personas o donde hay niños. Lo que necesitas de almacenaje, altura de los muebles o número de cajones depende de eso. Un baño principal necesita más espacio que uno de invitados, y eso define qué mueble te conviene.
Piensa también en la limpieza. Un mueble con muchos recovecos puede ser bonito, pero luego se llena de polvo y humedad y acaba cansando. Pensar en el uso diario te ayuda a no equivocarte y a que el baño funcione sin que tengas que estarlo reorganizando todo el tiempo.
Piensa en el espacio que tiene que tener
Antes de elegir un mueble, lo más importante es saber cuánto espacio tienes de verdad. No sirve que te guste uno enorme si el baño es pequeño, porque va a quedar apretado y moverse será incómodo. Mide bien el ancho, el fondo y la altura del lugar donde irá el mueble.
También hay que fijarse en el espacio que queda delante. Los cajones y las puertas necesitan abrirse sin chocar con nada, y tú tienes que poder moverte sin golpes ni tropezones. Parece básico, pero mucha gente se olvida y después se arrepiente.
Tómate el tiempo para medir y pensar en la movilidad. Así, evitarás problemas y conseguirás que el baño sea cómodo todos los días. Al final, un mueble que se ajusta al espacio te da tranquilidad y hace que todo funcione mejor sin complicaciones. Esto es más útil que cualquier diseño espectacular que luego no sirva.
Plus según tamaños
- En baños pequeños, los muebles suspendidos funcionan muy bien porque dejan el suelo libre y hacen que moverse sea más fácil.
- En baños grandes, puedes permitirte muebles con patas o combinaciones más completas sin problema.
Materiales que usar en ciertos tipos de baños
En el baño, hay humedad, cambios de temperatura… y el baño lo usamos todos los días, así que el material importa más que el diseño.
Hoy en día hay materiales que resisten bien estas condiciones, pero no todos se comportan igual. Algunos necesitan mucho cuidado y otros son más fáciles de mantener. Lo mejor es elegir materiales resistentes y fáciles de limpiar, aunque no sean los más llamativos.
También hay que fijarse en cómo está hecho el mueble, no solo en el material: cantos, cierres, cajones y herrajes se usarán a diario, y tienes que ver si son resistentes o si se van a oxidar en dos días.
Por eso, recuerda que lo bonito es importante, pero si el mueble no aguanta el día a día, no sirve.
Almacenaje
Uno de los errores más comunes es quedarse corto de espacio para guardar cosas o, al contrario, llenar el baño de muebles que luego no se usan. Encontrar el equilibrio es clave.
Antes de comprar, conviene hacer un repaso mental de todo lo que sueles guardar en el baño y cuánto ocupa de verdad. No hace falta tener un mueble enorme si luego guardas cuatro cosas, pero tampoco tiene sentido quedarte sin sitio y acabar con cosas por medio. Los cajones suelen ser más cómodos que las baldas, porque ves todo de un vistazo y no tienes que agacharte tanto. Aun así, combinar distintos tipos de almacenaje puede ser una buena solución.
También hay que pensar en el futuro. A veces el baño empieza vacío y, poco a poco, se va llenando. Dejar algo de margen suele evitar tener que cambiar el mueble antes de tiempo. No se trata de exagerar, solo de pensar un poco más allá del primer mes.
El estilo importa, pero NO es lo único importante
El baño también forma parte de la casa y nos encantaría que mantuviese nuestro estilo, como el resto de la casa, pero no hace falta volverse loco buscando el mueble perfecto que encaje en una idea muy concreta. A veces, lo sencillo funciona mejor y cansa menos con el tiempo.
Los colores neutros suelen aguantar mejor los cambios de gusto. Si algún día te apetece cambiar algo, es más fácil hacerlo con accesorios que con el mueble principal. No todo tiene que ser blanco o aburrido, pero piensa en que conviene pensar si ese acabado tan concreto te seguirá gustando dentro de unos años.
Además, el estilo también tiene que ver con la comodidad. Un mueble puede ser muy moderno, pero si no es práctico, acabas harto. Encontrar un punto medio entre lo que te gusta y lo que te facilita la vida es lo más sensato, aunque no siempre sea lo que más destaca en una foto.
Lo mejor, antes de que elijas, es que te dejes asesorar por los profesionales que saben del tema
Cuando empiezas a mirar muebles, te das cuenta de que hay muchas opciones y muchos consejos distintos. Una cosa que nos ayuda es escuchar a gente que lleva tiempo en esto y ha visto todo tipo de baños y problemas. No para que decidan por ti, sino para evitar errores típicos.
Baños Cien, fabricantes de muebles de baño que cuentan con una gran variedad de formatos y diseños en sus lavabos, siempre aconsejas a sus clientes lo siguiente: “antes de pensar en el diseño final, asegúrate de que el mueble encaja bien en el espacio y en tu rutina diaria, porque un buen mueble es el que no te da problemas con el paso del tiempo”.
Al final, la experiencia cuenta mucho. Quien trabaja todos los días con baños sabe perfectamente qué tipos de muebles suelen dar problemas y cuáles aguantan mejor con el tiempo, conoce los materiales que funcionan, los diseños que se estropean rápido y los detalles prácticos que realmente importan en el uso diario.
No tengas prisa por elegir y tómate tu tiempo, que no tienes prisa
Aunque tengas ganas de terminar la reforma, vale la pena parar un poco y pensar bien qué necesitas. Mira varias opciones, compara medidas y fíjate en cómo lo vas a usar todos los días.
Si eliges rápido, suelen aparecer problemas después: aparece un cajón que no abre bien, un mueble que no cabe del todo o un material que se estropea son cosas que pasan y cuestan arreglar. Tomarte un tiempo antes de decidir evita estos líos.
Piensa con calma también para que puedas estar más seguro de tu elección. Cuando sabes por qué escogiste ese mueble y no otro, lo valoras más y lo cuidas mejor. Además, si encaja con tu baño y tu rutina, durará más tiempo.
Mide bien, mira el espacio que tienes, piensa cómo lo vas a usar y asegúrate de que sea fácil de limpiar. Si te tomas tu tiempo te evitarás muchos problemas, y conseguirás que tu baño sea cómodo todos los días.
No sigas la moda que todos siguen, y encuentra el mueble que más te va a ayudar
La mayoría de veces nos dejamos llevar por lo que está de moda o por lo bonito que se ve en una foto, y eso puede pasarte factura. Un mueble que se adapta a tu rutina y al espacio de tu baño vale mucho más que uno que solo sigue las modas.
Tomarte tu tiempo para medir, comparar y pensar cómo vas a usar el baño realmente vale la pena. No hace falta pasarse horas, solo dedicar unos minutos para asegurarte de que el mueble funciona, dura y facilita tu día a día. Se nota cuando abres un cajón, encuentras todo a mano y no tienes que estar reorganizando todo el tiempo.
Esperar un poco también ayuda a elegir materiales y diseños que aguanten la humedad y el uso diario. Nada es peor que comprar algo que se ve bien y que se estropea en un año. Un mueble pensado con calma se disfruta más, porque se ajusta a tu vida, no solo a lo que está de moda.